una canción desde el norte

La bruma te ha tapado. Demasiado tarde para navegar. Te has bajado tantas veces del barco, que el barco ya no está. Y la bruma tampoco. Ahora no siento nada.

O sí.

La luz que entra por esta ventana. Ahora. Luz salada. Láctea y pesada. La literatura del pasar de los días tranquilos. El humo de los coches a un palmo de mí. Sonrío. Porque en el fondo, el asfalto nunca fue tan blando. Me silbas desde el puente de enfrente. Me doy la vuelta. Me voy. Me pongo mi música favorita: el sonido de las voces de la gente que me rodea, la que da luz, la de lo banal y lo doméstico, la de la artesanía de los días, la que hilvana el tiempo con pequeños gestos. Mi canción favorita.