tomar drogas para hacer música para drogarte

Cuando llegué a casa no dejé de escuchar ‘Amen’ de Spacemen3, del disco que podría escuchar hasta que se me cayera la mirada. La lluvia se acercaba por el puerto, muy, muy lejos. Pero se veía la mancha de agua y niebla avanzar hasta donde yo estoy ahora mismo, encerrada, encapsulada, en una especie de letargo que solo ocurre cuando estás tan cansada, que notas las ojeras, pero no puedes dormir. Te laten las sienes, y quieres descargarte del día, pero eres incapaz. Me siento. Escucho ese disco. Ese puto disco. Maravillosa lisergia de domingo. No estás aquí. Pero yo ahora mismo estoy muy metida en mí misma. No me hace falta nada más. No ahora. Me siento a mí, por primera vez en mucho tiempo. Me escucho por dentro. Me laten las venas. Están en flor. La droga la tenemos dentro. La casa huele a café, a lluvia de primavera que no llega, a calle medio mojada, medio seca, a ese olor que desprendía Madrid solo en esta época, pero con olor a salitre. Mi droga es esta luz que siento solo a veces.