una cafetería en Islamabad اسلام آباد

No dejó de llover desde entonces. Las carreteras eran ríos que desembocaban en ti. Nunca antes había observado tanto y tan bien. Jamás un suelo tan cómodo. Me voy a vivir a ese momento. La resistencia en tu brazo y en el vinilo. Yo, cayéndome parriba’. Bañada en calma. Me deslizaba. Flotaba de una esquina a otra de una sonrisa que rajaba el día. Lo cortaba en dos y mil pedazos. Me he vuelto adicta a verte sonreír. Me he vuelto adicta al crac de los días. Escuché tu corazón, muy pegada a tu piel. A veces se saltaba latidos, como  haciendo un guiño íntimo a Toy. Y en esos latidos que faltaban, en su ausencia más plena, escuché el rugido del mar.

 

el último verano que te conocí por primera vez

Solo tú. Me haces crac y no te das cuenta. Te observo. Me encanta hacerlo. En silencio. En realidad te das cuenta. Pero haces como que no. Te lo agradezco, solo a ratos. Cada vez que enciendes un cigarrillo, esa marca en tu boca. El fogonazo mínimo. Instantáneo. Suficiente para iluminarte. Suficiente para iluminarme a mí también. El sonido de tu respiración. Cada vez que esbozas esa sonrisa. Esa sonrisa, el rincón que siento aquí ahora mismo. Te observo. Qué luz más bonita tienes hoy.

me aterra el azul

la primavera es todo un secreto. amarga baja. eres hermosa, pero detesto tu boca al decir . me tiro en la piscina solo por curiosidad. buceo entre espinas. fumo un cigarrillo que huele a vainilla sentada en el frío húmedo del granito del borde de la piscina. coloco las plantas de los pies justo encima del agua, en esa fina línea en la que si pegas la piel al agua densa, se produce una mini succión, un trasvase de energías, un trasvase de estados. de sólido a líquido. a lo gelatinoso. sprrrp. rebáñame el mar. me corto de rojo las manos. odio cómo suenan tus palabras vacías. detesto lo simple que puede llegar a ser el paso de los minutos en tu puto reloj de cocina.cocino mi corazón en bragas de rayas. todas las rayas que no me meteré. mis renglones torcidos.

una canción desde el norte

La bruma te ha tapado. Demasiado tarde para navegar. Te has bajado tantas veces del barco, que el barco ya no está. Y la bruma tampoco. Ahora no siento nada.

O sí.

La luz que entra por esta ventana. Ahora. Luz salada. Láctea y pesada. La literatura del pasar de los días tranquilos. El humo de los coches a un palmo de mí. Sonrío. Porque en el fondo, el asfalto nunca fue tan blando. Me silbas desde el puente de enfrente. Me doy la vuelta. Me voy. Me pongo mi música favorita: el sonido de las voces de la gente que me rodea, la que da luz, la de lo banal y lo doméstico, la de la artesanía de los días, la que hilvana el tiempo con pequeños gestos. Mi canción favorita.

 

llorar

llo-rar

yo yo yo yo yo yo yo yo yo yo yo

llorar no deja de ser bañarte en ti misma

un diálogo de besugos contigo misma desbordante de mar.

repleta de mar.

empachada de mar.

no es suficiente este océano. a veces me llena un charco.

 

degusto un licor nunca antes fermentado

cuando me corrí, me gustó tanto como si hubiera sido real.

así es una de las frases que acabo de leer de un libro colorido por fuera y enrevesado por dentro.

el día, hoy: plomizo, salado, lento, incómodo, de las algas y otras floras, olía a marea baja cuando salí a la calle, y a marea llena y empachada cuando volví de noche. igual era yo, y no el mar. llena de lo que no me gusta. empachada, atragantadamente triste.

tú, hoy: (inserta tú la palabra, que yo no acierto últimamente)

luego sudé en una bici que no era mía, extremadamente cerca de una señora que sudaba casi más que yo, y me gritaba con voz emprendedora y de radio un chico que podría ser el profesor número trescientos mil que ni fu ni fa, que bien pero que tampoco para tanto, ni alto ni bajo, ni feo ni guapo. harta de lo gris.

me evaporaré por la mañana, cuando la cafetera esté haciendo el eterno ruido del despertar. sigo pensando en aeropuertos al amanecer, con el muecín automatizado de fondo. poco me queda a este lado del río.

largos viajes sin sus besos

Suenan loops sonoros de the caretaker, de un disco que se llama persistent repetition of phrases. Me sabe a Lynch, a ruido blanco, a disco de pizarra, a película boba de los años cincuenta, a TV rota, a glitcheado. Me suena a algo familiar. De repente, a Basinski y al disintegration loops y entonces eso me lleva a una tristeza absoluta, una pena que rasga muy por dentro, y en realidad no adivino a saber por qué. Tan solo son loops. Y sin embargo, una tristeza terrorífica me sobreviene, y se me queda pegada. Melancolía de futuro. Burial que no conoceré ni tocaré nunca. Autopistas ruidosas llenas de huídas. Madrugadas repletas de risas que no repetiremos. Hoy nos tenemos, pero mañana quién sabe. Me abruma la idea de no poder olvidarte nunca. Semen de ayer en el edredón. Bostezas al amanecer. No podrías ni imaginar todo lo que estoy pensando. Te beso en la mejilla. Me emociono.

El mundo no termina con un disparo, si no con un gemido.

tomar drogas para hacer música para drogarte

Cuando llegué a casa no dejé de escuchar ‘Amen’ de Spacemen3, del disco que podría escuchar hasta que se me cayera la mirada. La lluvia se acercaba por el puerto, muy, muy lejos. Pero se veía la mancha de agua y niebla avanzar hasta donde yo estoy ahora mismo, encerrada, encapsulada, en una especie de letargo que solo ocurre cuando estás tan cansada, que notas las ojeras, pero no puedes dormir. Te laten las sienes, y quieres descargarte del día, pero eres incapaz. Me siento. Escucho ese disco. Ese puto disco. Maravillosa lisergia de domingo. No estás aquí. Pero yo ahora mismo estoy muy metida en mí misma. No me hace falta nada más. No ahora. Me siento a mí, por primera vez en mucho tiempo. Me escucho por dentro. Me laten las venas. Están en flor. La droga la tenemos dentro. La casa huele a café, a lluvia de primavera que no llega, a calle medio mojada, medio seca, a ese olor que desprendía Madrid solo en esta época, pero con olor a salitre. Mi droga es esta luz que siento solo a veces.

dormir bajo las aguas

suelo pensar en piscinas vacías.

tan vacía hoy,

que  ahoga sábado.

y eso que siempre veo los vasos medio llenos. a veces sorprende el vacío que se recibe respecto a mi manía de insuflar agua en piscinas.

gracias sufjan stevens por sonorizar la lluvia de hoy, la que no llena la piscina, la que la mantiene vacía.

miro el edificio de enfrente desde la piscina, vacía. una flor me tapa el bloque. una flor, bloquea todo.