mirapolis.

desazón muy rara en el pecho de las ruinas.

me molestan las lentillas de estar tantas horas sin dormir. llega la noche y soy incapaz de juntar más de tres horas. no-duermo-nada. y sin embargo, sueño todo el puto rato. ya no sueño contigo. sueño con un montón de cosas oscuras y de colores. a veces más oscuras que de colores. genero una amalgama de nebulosas. todo el rato. por la noche las veo en el techo, proyectadas. mezclo realidad con literatura. mezclo a mi abuela con Burroughs. junto a los chicos salvajes con la señora que en la residencia me habla sin sentido alguno. discursos desordenados. un sofá manchado de pis. un vermú con aceitunas metidas en un sablecito de plástico naranja. sillas de ruedas esperando ávidas a que lleguen las ocho en punto. las-ocho-en-punto. kilómetros de autopista de noche. gasolineras vacías o cerradas. películas en la pantalla del autobús. coger los últimos asientos del autobús para ir sola. so-la. dolor de los cascos en las orejas.  una sala de proyección pequeña y vacía. el menú del día en una corchera. a las personas mayores se les olvida las cosas continuamente. el olor de la lejía cuando no usan lejía. la luz de ese salón. el frío de la puerta de la salida. el camino de vuelta como de mulholland drive. una semana que ha sido como un mal sueño. el tacto de los sillones donde se pasan horas horas horas horas sentados. sentada. se duerme durante el día. ¿qué pensará por las noches? padre. hermana. amigxs con cara amable y siempre ahí. dispuestos a darme una esquina de su hogar para hacer más hogar mi hogar. la música que llena mis madrugadas. mi cabeza es una puta taladradora. necesito que pare. al menos, parpadear.

vivir en un bucle nunca fue tan desesperante.