luz negra

lee friedlander

 

Siete horas no son nada. Techno muy jodido golpeando el estómago. Desde muy dentro. Luz negra y luz roja. Tengo muchísimo calor. Trago saliva amarga. Te miro. Me miras. Sonrío apartándote la mirada y cerrando los ojos. Presión en los oídos. Me empujan por la izquierda y por delante. Me hace gracia. Siete horas son siete segundos. Cristales en el suelo. Polvo en el bolsillo. Te toco la cabeza. Siete litros de agua. Cierro los ojos. Me abrazas por detrás. Me quedo a vivir en este infierno rojo.  Siete horas son siete minutos. Cualquier trozo de suelo me vale. Cualquier sitio. Siento tu cabeza en mi cuello. Me derrumbas. El corazón se salta latidos. Desordenas mi Babilonia una vez más. La calma si estás tú. La guerra si estás tú. La calma y la guerra en tu sonrisa. Tienes una boca impresionante.  Siete horas no son nada. Me besas en la parte de atrás del coche. No quiero que acabe nunca este beso. Me perdería en tu boca y en tu mirada. No te vayas. Te miro mientras bajas. No te vayas. Me aferro a la visión de tu mano cerrando la puerta como el último recuerdo. No te vayas. La ciudad es muy ruidosa a estas horas. Amanece. Se despierta. Miro hacia adelante y tardo en responder al conductor. No sé qué me ha dicho.  No te vayas. Siete horas no es suficiente.