los dioses tienen sed

my little dead dick

 

Sueño con sonidos de agua. Me obsesiona el fluir. El otro día me quedé sola en una calle principal.  Muy principal. No era un sueño. No había agua. Caminé hasta el infinito. Bajé la calle con música. De fondo, muy detrás de la música, un grupo de amigxs gritaban eso de es un veneno que llevo dentro en la sangre metío y sonreí. Esa calle es eterna solo a veces. Me había quedado sola hacía tan solo quince minutos. Caminaba despacio, en realidad. No tenía prisa, porque ya había pasado lo importante: tu sonrisa, tu puta sonrisa que me deshace; tu voz, que sana; ya ni siquiera hacía frío, ya no había ruido, ni siquiera había coches. Tú, como un huracán, que en vez de dejarme devastada, me dejas sin argumentos. Tú, que me brotas, me sanas, me encuentras la llave de esta ciudad, que el resto del tiempo no sé dónde está. La puerta es demasiado grande y la llave.. La llave es mínima. Cuando llegaste, leía un artículo sobre la basura espacial. Es increíble que allí arriba, en el mayor vacío existencial que ni siquiera puedas imaginar sin marearte o llorar, haya trozos enormes de cosas olvidadas o que ya no sirven. A veces cuando pienso muy fuerte en el cosmos, si me concentro mucho en pensar en la cantidad de trillones, millones de miles de kilómetros y eones de Nada, frío y noche perpetua, la Pura Abstracción Mental, mi única reacción es llorar suave. Nunca supe por qué. Me imagino que es la reafirmación de la Puta-Nada y el Todo al mismo tiempo. En que toda esta simulación de la Vida es un crac en el tiempo. Y ahí, en esa esquina de pensamiento, brillas todo, sin titilar, un vórtice de luz. Y casi me falta el aire. Y se me encoge la boca del estómago. Y me emociona. Y luego se me pasa, porque no te quiero asustar. Y recuerdo el haiku que leí una vez, hace mucho tiempo,

 

de no estar tú

demasiado enorme

sería el bosque.

 

Y sigo bajando la calle. Esta noche el asfalto es más blando que nunca.