la inocencia y otros excesos

 

Salgo a comprar tampones. Camino. Las hojas crujen. Me cruzo con una vecina que me cae regular. No lo sabe. Sonrío y la saludo. Maldita educación. Vuelvo a ponerme los cascos. Clams Casino. Lleva una semana curándome. Puto frío. Entro en la tienda. El cajero me mira. Le miro. Es guapo. Pero no es Él. Ninguno es Él. Sonrío. Esta vez es de verdad. Me sonríe. Me da igual. Me pierdo entre la sección de aguacates, zumos naturales del día, y salsas con extra de azúcar. Se me está acabando la batería. También me da igual. Me centro en la música. I’m God. Nunca entendí la historia del niño que se suicida con esa canción. ¿Era eso? Me flipan las historias que la gente escribe a veces en forma de post. Recuerdo la historia que leí en el primer post de mi disco favorito de Spacemen3 que está subido a Youtube. El disco se llama ‘Taking drugs to make music to take drugs to’, de 1990. Es maravillosa. Un puto libro en un comentario 2.0. A veces la gente es maravillosa. Healing. Tiene cierto aire asiático de videojuego de páramo y contemplación. Orgía de colores en la zona de las patatas y los ganchitos. Vuelvo a los canónigos. Miro al chico de la caja por inercia. Me está mirando. Cruzamos miradas. Rápidamente miro hacia los limones. Luz blanca. Recuerdo la noche. Volví a soñar azul. No me gusta dormir. Estoy teniendo una regresión a mi infancia. Hubo una temporada que lo pasaba realmente mal cuando #habíaquedormir. Me dan miedo los monstruos de mi habitación. Me froto los ojos. Me apetece muchísimo llorar en la sección de los fiambres. Avanzo. Me pierdo en la música. Resbalo por los temas, uno a uno, hasta que se me pasa. Cojo un puto aguacate. Se me olvidaban los tampones.