diario.

641cf58426d73283c467c4b02cd1ac92Philip-Lorca diCorcia

Adiós y gracias por los días maravillosos y reales. Los atardeceres tiñeron de rojo sangre la espera, el mover la pierna debajo de la mesa. Tiré tu café por la ventana. No entendí el color del cielo. Hoy leí acerca de La Internacional del Odio. Leí muchísimo acerca de las ramas del Islam. Entendí y no entendí nada. Absolutamente todo lo que me rodeaba se hizo ínfimo, y luego leí una tira de Liniers, y me enamoré de la vida que se toca, del amor desordenado, de vosotras cuando dormís y palpitáis. El agua de la piscina me supo azul, muy azul. Como el de las alcachofas, pero sin de la Serna para susurrarme greguerías. Ya me susurro yo los arrullos de los de llorar de yoyó. El calor hizo crac al entrar en mi piel, el sol me abrazó tanto que me dolió, y sonaba mi piel a calor tostado de los años cuarenta de esta España que también dolía por aquel entonces. ¿Sabes? Cerré los ojos. No me faltó nada.