degusto un licor nunca antes fermentado

cuando me corrí, me gustó tanto como si hubiera sido real.

así es una de las frases que acabo de leer de un libro colorido por fuera y enrevesado por dentro.

el día, hoy: plomizo, salado, lento, incómodo, de las algas y otras floras, olía a marea baja cuando salí a la calle, y a marea llena y empachada cuando volví de noche. igual era yo, y no el mar. llena de lo que no me gusta. empachada, atragantadamente triste.

tú, hoy: (inserta tú la palabra, que yo no acierto últimamente)

luego sudé en una bici que no era mía, extremadamente cerca de una señora que sudaba casi más que yo, y me gritaba con voz emprendedora y de radio un chico que podría ser el profesor número trescientos mil que ni fu ni fa, que bien pero que tampoco para tanto, ni alto ni bajo, ni feo ni guapo. harta de lo gris.

me evaporaré por la mañana, cuando la cafetera esté haciendo el eterno ruido del despertar. sigo pensando en aeropuertos al amanecer, con el muecín automatizado de fondo. poco me queda a este lado del río.