Todas las entradas de: colectivounicornio

una canción desde el norte

La bruma te ha tapado. Demasiado tarde para navegar. Te has bajado tantas veces del barco, que el barco ya no está. Y la bruma tampoco. Ahora no siento nada.

O sí.

La luz que entra por esta ventana. Ahora. Luz salada. Láctea y pesada. La literatura del pasar de los días tranquilos. El humo de los coches a un palmo de mí. Sonrío. Porque en el fondo, el asfalto nunca fue tan blando. Me silbas desde el puente de enfrente. Me doy la vuelta. Me voy. Me pongo mi música favorita: el sonido de las voces de la gente que me rodea, la que da luz, la de lo banal y lo doméstico, la de la artesanía de los días, la que hilvana el tiempo con pequeños gestos. Mi canción favorita.

 

llorar

llo-rar

yo yo yo yo yo yo yo yo yo yo yo

llorar no deja de ser bañarte en ti misma

un diálogo de besugos contigo misma desbordante de mar.

repleta de mar.

empachada de mar.

no es suficiente este océano. a veces me llena un charco.

 

degusto un licor nunca antes fermentado

cuando me corrí, me gustó tanto como si hubiera sido real.

así es una de las frases que acabo de leer de un libro colorido por fuera y enrevesado por dentro.

el día, hoy: plomizo, salado, lento, incómodo, de las algas y otras floras, olía a marea baja cuando salí a la calle, y a marea llena y empachada cuando volví de noche. igual era yo, y no el mar. llena de lo que no me gusta. empachada, atragantadamente triste.

tú, hoy: (inserta tú la palabra, que yo no acierto últimamente)

luego sudé en una bici que no era mía, extremadamente cerca de una señora que sudaba casi más que yo, y me gritaba con voz emprendedora y de radio un chico que podría ser el profesor número trescientos mil que ni fu ni fa, que bien pero que tampoco para tanto, ni alto ni bajo, ni feo ni guapo. harta de lo gris.

me evaporaré por la mañana, cuando la cafetera esté haciendo el eterno ruido del despertar. sigo pensando en aeropuertos al amanecer, con el muecín automatizado de fondo. poco me queda a este lado del río.

largos viajes sin sus besos

Suenan loops sonoros de the caretaker, de un disco que se llama persistent repetition of phrases. Me sabe a Lynch, a ruido blanco, a disco de pizarra, a película boba de los años cincuenta, a TV rota, a glitcheado. Me suena a algo familiar. De repente, a Basinski y al disintegration loops y entonces eso me lleva a una tristeza absoluta, una pena que rasga muy por dentro, y en realidad no adivino a saber por qué. Tan solo son loops. Y sin embargo, una tristeza terrorífica me sobreviene, y se me queda pegada. Melancolía de futuro. Burial que no conoceré ni tocaré nunca. Autopistas ruidosas llenas de huídas. Madrugadas repletas de risas que no repetiremos. Hoy nos tenemos, pero mañana quién sabe. Me abruma la idea de no poder olvidarte nunca. Semen de ayer en el edredón. Bostezas al amanecer. No podrías ni imaginar todo lo que estoy pensando. Te beso en la mejilla. Me emociono.

El mundo no termina con un disparo, si no con un gemido.

tomar drogas para hacer música para drogarte

Cuando llegué a casa no dejé de escuchar ‘Amen’ de Spacemen3, del disco que podría escuchar hasta que se me cayera la mirada. La lluvia se acercaba por el puerto, muy, muy lejos. Pero se veía la mancha de agua y niebla avanzar hasta donde yo estoy ahora mismo, encerrada, encapsulada, en una especie de letargo que solo ocurre cuando estás tan cansada, que notas las ojeras, pero no puedes dormir. Te laten las sienes, y quieres descargarte del día, pero eres incapaz. Me siento. Escucho ese disco. Ese puto disco. Maravillosa lisergia de domingo. No estás aquí. Pero yo ahora mismo estoy muy metida en mí misma. No me hace falta nada más. No ahora. Me siento a mí, por primera vez en mucho tiempo. Me escucho por dentro. Me laten las venas. Están en flor. La droga la tenemos dentro. La casa huele a café, a lluvia de primavera que no llega, a calle medio mojada, medio seca, a ese olor que desprendía Madrid solo en esta época, pero con olor a salitre. Mi droga es esta luz que siento solo a veces.

dormir bajo las aguas

suelo pensar en piscinas vacías.

tan vacía hoy,

que  ahoga sábado.

y eso que siempre veo los vasos medio llenos. a veces sorprende el vacío que se recibe respecto a mi manía de insuflar agua en piscinas.

gracias sufjan stevens por sonorizar la lluvia de hoy, la que no llena la piscina, la que la mantiene vacía.

miro el edificio de enfrente desde la piscina, vacía. una flor me tapa el bloque. una flor, bloquea todo.

calor negro

rompe la orilla en mis pies.

tengo los ojos cerrados. noto la arena en el calor del cuerpo, rebozándome tu sonrisa. tengo sal en los labios. el pelo rizado de mar casi seco. me tocas. estás junto a mi. casi se me había olvidado y sin embargo estás radicalmente ahí. me acaricias el costado, debajo del pecho. tu mano arde. mi cuerpo también. tu letargo, de mediados de la tarde. en una calita desierta. suenan las olas tan fuertes en su dulzura. estamos como drogados de sol. tu mano, mis sueños. tu mirada, llena de mar. tu sonrisa, el Mediterráneo. tu voz, mi brisa. no dejes de susurrarme. casi nos quedamos dormidos. y todavía nos queda toda la noche de calor. estás en silencio. giras la cabeza y ahora sí, me miras. apoyado en la arena. tardas en sonreír, como amaneciendo. lento, cómodo. te miro con perlas de luz y mar entre las pestañas. sonrío después de ti. cierro los ojos y veo la oscuridad roja. que no se acabe nunca este momento. suena el mar. el tiempo no avanza en este lugar. todo parece infinito. el Cielo debe ser esto.

acaso no ves que nos vamos a hundir

yo solamente muerdo tu piel. el puerto está muy lejos hoy. no se ve el mar desde aquí. meto mis dedos en tu boca. me vomitas. me he masturbado varias veces sin saber que estaba lloviendo fuera. nunca sabrá que me he tocado mirando su foto. ni siquiera se le ve bien, ¿sabes? Eres una viciosa. Una perdida. Me imagino el Ganges lleno de muertos. Una imagen sonora me ronda la cabeza desde hace mucho tiempo. El Ganges está lleno de muertos. El Ganges. El Ganges. Suena un perro que arrastra el ladrido. De la misma forma que me amas, me olvidas. A trompicones. A ratos. Desordenadamente, servido en vaso roto. Estoy lejos. El Ganges está muerto. No me pongas plato en la mesa. Como fuera y me como por dentro.

tan solo una nube

 

Me sonríen sus nubes. Me lloro tus soles. Tu forma de hablar, tu forma de callar. Dispárame, ¿no llevas una pistola? Disparé varias veces sobre la misma pared. pam pam pam. Han quedado los agujeros. La bala ha caído encima de la cama. Un resto de mi. Un resto de odio. Una chica me sonríe al otro lado del tren. Cada vez que entra gente en el vagón hace muchísimo frío, casi tanto como el que dejamos allí, en aquella habitación antigua, pero repleta de sexo. Las paredes rezumaban semen y lágrimas de apretar la almohada. El café me sabe a mañana congelada. Las calles de Madrid asfaltan tu nombre. Tengo hambre. No tengo nada en la nevera. Tengo un billete de tren encima de la mesita. No tengo melancolía del pasado. Tengo ansia del futuro. Pero no tengo prisa.