a las siete de la mañana

¿Quieres saber qué pensé al abrir los ojos? Miré al techo, más lejos y más alto que nunca. La pequeña muerte dormía en las sábanas, junto a ti. Respiraba fuerte. Miré la ventana de enfrente. Era una cocina y estaba encendida. Luz blanca. Pensé en Murakami y en el desdoble. Empezaba a amanecer. Se escuchaban los coches pasar por encima de charcos intermitentes. Te rocé. Amaneciste tú también. Ya no llovía.